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Por qué una tarea de cinco minutos puede esperar tres días

Actualizado: 29 jun

Hombre que postergó una tarea.
Saber qué hay que hacer y lograr empezar son procesos distintos. En el TDAH, la dificultad para iniciar una tarea forma parte del trastorno y no refleja falta de interés, inteligencia o capacidad.

“Hay un correo en mi bandeja de entrada”, me dice un paciente, y tras una breve pausa, retoma: “...que solo necesita un sí o un no, y llevo tres días mirándolo sin abrirlo”. Lo escucho a menudo, con variaciones, la factura que vence y se queda sobre la mesa, el formulario de dos casillas, la llamada de un minuto que se pospone semana tras semana. No son tareas difíciles, eso es lo que desconcierta a quien las arrastra, y por eso terminan explicándolo con la única palabra que les enseñaron: soy un vago… Mi opinión como especialista: Casi nunca lo son.


Entre saber qué hay que hacer y empezar a hacerlo hay un abismo


Quien tiene TDAH sabe perfectamente lo que debe hacer, lo ha pensado, lo ha planificado en la cabeza muchas veces. La dificultad aparece en el momento de poner el cuerpo en marcha, en ese salto del propósito a la acción que para la mayoría es automático y para él se vuelve un muro.


Barkley, uno de los autores que mejor ha descrito el trastorno, lo resume en una idea, el TDAH es un trastorno del desempeño, la persona sabe qué conviene, y aun así el cuándo y el cómo de llevarlo a cabo se le escapan. De ahí que los consejos de siempre, organízate, haz una lista , no ayudan demasiado, porque la lista ya está hecha, lo que falta es el mecanismo que la pone en movimiento.


La memoria de trabajo y la ceguera al tiempo


Detrás de ese muro hay funciones ejecutivas que operan de otro modo: una es la memoria de trabajo, la capacidad de mantener una intención en la mente el tiempo suficiente para cumplirla, esa que se pierde cuando uno entra a la cocina por un vaso de agua y sale con cualquier otra cosa, habiéndose olvidado del vaso.


Otra es la manera de percibir el tiempo, que en el TDAH suele moverse en dos tiempos verbales, el ahora y el no-ahora, de modo que lo que no es urgente se siente lejano y ajeno hasta que, de golpe, ya es tarde. Una tarea pequeña sin fecha clara cae en esa zona del no-ahora, y ahí puede quedarse tres días, o tres semanas, sin que la persona logre explicarse por qué.


Lo que mueve al cerebro con TDAH es el interés y la urgencia


Hay además un asunto químico que ayuda a entender la paradoja. En el TDAH la dopamina, el mensajero ligado a la motivación y la recompensa, trabaja de formadesregulada, y eso inclina al cerebro a movilizarse ante lo nuevo, lo estimulante o lo que urge, mientras que lo rutinario y de premio lejano le resulta cuesta arriba. Por eso una persona puede resolver una crisis con una eficiencia admirable y, el mismo día, no lograr empezar un trámite de diez minutos. La urgencia le presta, por un rato, la activación que de base le falta.


Si la persona sentada frente a mí en el consultorio comienza a verlo de este modo, puede dejar atrás la pregunta de por qué soy tan vago y empezar a cuestionarse otra cosa: cómo hago para que mi cerebro arranque sin esperar a una catástrofe.


La estructura ayuda, pero hay que calzarla a cada persona


Hay estrategias que apuntan justo a esos engranajes, partir la tarea en un primer paso ridículamente pequeño, tan pequeño que empezarlo no dé pereza, volver visible el tiempo con relojes y alarmas puestos por fuera, bajar la fricción del inicio dejando el formulario ya abierto en la pantalla.


Ahora bien, conviene decirlo con cuidado, esas técnicas ayudan, aunque no son una receta que rinda igual en todos, y muchas personas llegan a consulta habiendo probado justo ese mínimo, las listas, las alarmas, los pasos pequeños, y aun así siguen sin arrancar. Por eso el trabajo serio mira también lo emocional y el contexto de cada quien, la ansiedad que se enreda con la tarea, la historia de fracasos que pesa antes de empezar, el entorno que ayuda o estorba, para calzar las herramientas a esa persona en concreto.


En consulta esto suele combinarse, según el caso, con tratamiento médico, y la evidencia es clara en que el abordaje conjunto rinde más que cualquiera de las piezas por separado. Pedir más fuerza de voluntad, en cambio, es pedirle a alguien que vea mejor entrecerrando los ojos.


Entender el mecanismo suele ser el primer alivio


Cuando alguien entiende que su dificultad para arrancar responde a un mecanismo, y deja de leerla como un defecto de carácter, eso que llevaba años apretado por dentro empieza a ceder, esa idea de valer menos que los demás.


Evaluar un TDAH en el adulto pide una entrevista clínica detallada, a veces con la mirada de quien lo conoció de niño, porque el patrón viene de lejos aunque se descubra tarde. Si esa pila de tareas pequeñas que nunca arrancan se parece a su propia vida, conversarlo es, casi siempre, el principio de tratarse distinto.

(829)-539-8080 / (809)-692-6491

@Neurohealth.RD

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